El armadillo avanza en la oscuridad y se detiene frente a una figura encapuchada que sostiene una pequeña luz.
Esa luz guarda la vida y el espíritu del bosque. La criatura se acerca, sin decir nada. El armadillo recibe la luz, como quien acepta una responsabilidad profunda. Así comienza su camino, como guardián de todo lo que aún respira en lo profundo del bosque.